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Noticias de prensa

La provincia de León alcanzará los 1.272 MW de potencia eólica con otros 19 parques en tramitación junto a los 3 nuevos del Bierzo

Castilla y León duplicará su potencia eólica hasta alcanzar los 13 GW con la instalación de más de cien nuevos grandes parques. En condiciones óptimas de viento, los nuevos parques, que sumarán 6,8 GW de potencia instalada, permitirían suministrar energía limpia a cerca de tres millones de hogares, casi el triple de los existentes en Castilla y León

La provincia de León presenta ya tres proyectos en información pública de los 19 en tramitación, todos ellos auspiciados por la división española de Enel y ubicados en El Bierzo: ‘Trabadelo’ y ‘Alto Cabrera’, con una potencia de 110 y 144 megavatios respectivamente, y ‘Peña del Gato’, que suma 50 megavatios de potencia. La inversión total para la construcción de todos estos parques supera los 315 millones de euros. Mas de 300 MW que verán sumados los aportados por los otros 19 parques en tramitación en la provincia de León con capacidad de generación de 968 MW. Así se llegarán a los 1.272 MW con estos nuevos parques. Será la segunda provincia en potencia de generación eólica tras Palencia.

Castilla y León duplicará su potencia eólica instalada y llegará a alcanzar los 13 gigavatios una vez que se autoricen y construyan los más de cien nuevos grandes parques, con una potencia unitaria superior a los 40 megavatios, que se encuentran en desarrollo para su instalación o en tramitación en la Comunidad autónoma.

En concreto, 38 de estos grandes parques ya se sometieron al trámite de información pública, previo a su autorización administrativa, en los boletines oficiales tanto del Estado (BOE) como de Castilla y León (Bocyl) entre marzo de 2020 y el 17 de abril de 2021, tal y como ha recogido Ical. Todos ellos suman más de 3.015 megavatios que se añadirán a los 6.056 megavatios ya existentes en los 258 parques eólicos instalados hasta el 31 de diciembre de 2019, según datos del anuario de la Asociación Empresarial Eólica.

No obstante, y según figura en el Boletín Oficial de las Cortes de Castilla y León de 5 de abril de 2021, existen otros 73 proyectos de parques de gran envergadura, con una potencia instalada superior a los 40 megavatios, que se encuentran en tramitación administrativa y que, salvo desistimiento de las empresas promotoras o defectos en el proyecto que paralicen su autorización, sumarían cerca de 3.785 megavatios de potencia al parque eólico de Castilla y León.

La suma de todos estos nuevos proyectos, que asciende a 6,8 gigavatios de potencia instalada, permitiría suministrar energía limpia, en condiciones óptimas de viento, a 2,85 millones de hogares, casi el triple del millón existente en Castilla y León a 1 de enero de 2020, según la Encuesta Continua de Hogares que realiza el Instituto Nacional de Estadística (INE).

No todas las provincias, no obstante, cuentan con grandes proyectos eólicos a desarrollar en los próximos meses. Ávila y Segovia no presentan ningún gran parque entre los que se encuentran en tramitación y Salamanca apenas cuenta con dos proyectos, si bien uno de ellos, el complejo que Iberdrola construirá en Villarino de los Aires y los municipios aledaños, sumará una potencia instalada de 300 megavatios, siendo uno de los mayores parques eólicos de la comunidad.

Mientras, la inmensa mayoría de los futuros parques eólicos de Castilla y León se centran en el norte de la comunidad, puesto que Burgos, León y Palencia acumulan casi dos tercios de los proyectos sometidos ya a información pública y el 78 por ciento de los parques en tramitación.

Burgos, a la cabeza en parques en desarrollo

En Burgos, son 15 los parques eólicos que ya se han sometido al trámite de información pública, varios de ellos ubicados en la comarca de Las Merindades. Así, Naturgy pondrá en marcha los proyectos ‘Los Monteros’ y ‘Merindad’, con una potencia total de 90 megavatios, mientras que el Grupo Villar Mir desarrollará los parques ‘Merindades’ y ‘Estacas de Trueba’, con 98,6 megavatios de potencia total, y Abei Energy hará lo propio con ‘Escobados’, con 49,3 MW.

También publicados aparecen los proyectos ‘Cerevil’ y ‘Cerecol’, que Capital Energy desarrollará en Merindad de Río Ubierna con 212,5 MW de potencia instalada; ‘Tórtoles’, con 198 MW que Global Ottawa pondrá en marcha, a través de una ampliación, en Tórtoles de Esgueva; y ‘Buniel’ (114,5 MW en Buniel), ‘Isar-Yudego’ (90 MW en Sasamón, Isar e Iglesias), e ‘Iglesias’ (94 MW en Iglesias y los pueblos de alrededor), en la zona oeste de la capital burgalesa.

En la misma zona, pero más al norte, en Valle de Santibáñez, se ubicarán los proyectos ‘Avellanosa’ (50 MW) de Abei Energy, ‘Las Atalayas’ (49,5 MW) de Estudios y proyectos Pradamap, y ‘Valdemoro’ (49,5 MW) de Iberdrola; mientras que al este de la capital burgalesa, en Alcocero de Mola, se instalará un parque eólico con una potencia de 102 megavatios bajo el mismo nombre que la localidad en la que se ubica.

A todos ellos podrían unirse otros siete grandes parques que se encuentran en tramitación: ‘Castrobarto’, ‘Llorengoz’ y ‘Pico del Fraile’, que Iberdrola ubicará en Valle de Mena y Valle de Losa con una potencia total de 130,5 MW; ‘Aquilonis’ y ‘Ubierna’ (95 MW totales), en Merindad de Río Ubierna y bajo auspicio de la portuguesa EDP, misma empresa que tramita la construcción de ‘Terrae’ y ‘Ventis’ en Ibeas de Juarros y Villaescusa la Sombría con una potencia total de 99,8 megavatios; y los dos parques que la multinacional Berg promueve, con una potencia de 100 megavatios, en Villaescusa la Sombría y Santa María de Invierno.

León y Bierzo

Por su parte, la provincia de León presenta ya tres proyectos en información pública de los 19 en tramitación, todos ellos auspiciados por la división española de Enel y ubicados en El Bierzo: ‘Trabadelo’ y ‘Alto Cabrera’, con una potencia de 110 y 144 megavatios respectivamente, y ‘Peña del Gato’, que suma 50 megavatios de potencia. La inversión total para la construcción de todos estos parques supera los 315 millones de euros.

Sin embargo, la leonesa es una de las provincias que más grandes parques en trámite presenta, con un total de 19, si bien la mayoría de ellos, un total de 16, se agrupan en los complejos ‘Magaz’ y ‘Villaobispo’, que Saavedra Wind pretende construir en Magaz de Cepeda, con 528 MW de potencia, y en Villaobispo de Otero, sumando 240 MW más. A ellos se unen los parques ‘Barrios de Gordón’, ‘La Cotada Grande’ y el complejo ‘La Trucha y Encinedo’ que Naturgy tramita en La Pola de Gordón, Rioseco de Tapia y Truchas, respectivamente, para una potencia total de 200 MW.

Casi 30 proyectos en trámite en Palencia

Pero si hay una provincia que acumula grandes parques en tramitación, esa es Palencia. Un total de 29 proyectos eólicos que suman en conjunto 1.737,3 MW de potencia instalada y que se ubicarían en localidades como Aguilar de Campoo, Ampudia, Astudillo, Baltanás, Becerril de Campos, Castrejón de la Peña, Cevico Navero, Espinosa de Cerrato, Fresno del Río, Guardo, Hérmedes de Cerrato, Herrera de Valdecañas, Mantinos, Palenzuela, Paredes de Nava, Respenda de la Peña, San Cebrián de Mudá o Valderrueda.

Entre los promotores de estos parques, destaca Repsol Nuevas Energías, que pretende desarrollar un total de siete parques en la comarca del Cerrato y en Aguilar de Campoo para una potencia total de 350 megavatios, y Capital Energy, puesto que su parque en Herrera de Valdecañas permitirá la instalación de 252 megavatios. Naturgy también apuesta por Palencia con el desarrollo del proyecto ‘Velilla’, con 40 MW de potencia instalada.

Palencia, no obstante, también cuenta con seis parques en desarrollo que ya se sometieron al trámite final de información pública. Tres de ellos, promovidos por Estudios y proyectos Pradamap, se ubicarán en Cordovilla la Real, Valbuena de Pisuerga y Quintanilla del Puente para una potencia total de 140,4 megavatios. Los parques ‘Cavadilla’ y ‘Encina’, en Villaviudas, Baltanás y Reinoso del Cerrato, contarán con una potencia instalada de 96,5 MW y el parque eólico ‘Santa María de las Fuentes’, en Astudillo, sumará 99,2 MW más a través de un proyecto del Grupo Villar Mir que también contempla su ampliación hasta los 189 megavatios de potencia, pendiente de tramitación.

Dos complejos de 300 MW en Salamanca y Zamora

Aunque la provincia de Salamanca es una de las que menos proyectos eólicos en desarrollo o tramitación tiene, contará con un parque de 300 MW de potencia en la zona de Arribes del Duero, gracias al auspicio de Iberdrola, que invertirá en el complejo ‘Villarino’ más de 228 millones de euros. Mientras, Siemens Gamesa espera que finalice el trámite, de competencia ministerial, para construir dos parques en Serradilla del Arroyo que, bajo el nombre ‘Cabeza Gorda’, sumarán 100 megavatios.

En Soria, todos los proyectos tienen un nexo común: la localidad de San Pedro Manrique. Allí, Capital Energy invertirá 155 millones de euros para construir el parque eólico ‘Los Cruzados’, que comparte territorio con La Rioja y suma una potencia total de 68,75 MW. También pasó el trámite de información pública el parque ‘Lado Frío’ (48,5 MW), mientras que existen siete instalaciones pendientes de aprobación ministerial: los proyectos ‘Fuentenosa’ y ‘Hayedo’, de Jenner Renovables, que suman 92 megavatios de potencia; y los parques ‘San Pedro’, ‘Sarnago’, ‘Taniñe’ y ‘Matasejun’, con 107,7 MW totales.

Un proyecto que comparten municipios de las comarcas de Tierra del Vino y Montes Torozos destaca en Valladolid. Se trata del parque ‘Tordesillas’, con 162,5 MW de potencia, que ya pasó el trámite de información pública, como hicieron los proyectos ‘Pinta y Guindalera’, de Estudios y proyectos Pradamap, con 100 MW totales en Villalba de los Alcores y Montealegre de Campos; ‘Mudarra’, que con la misma potencia desarrollará Abei Energy en Villabrágima, Valdenebro de los Valles y Medina de Rioseco gracias a una inversión de casi 60 millones de euros; y ‘El Zumaquero’, ubicado en la misma zona y con 50 megavatios de potencia.

En tramitación se encuentran aún los proyectos ‘La Llanada’, ‘Pigarzo A’, ‘Pigarzo B’, ‘Páramo’ y la ampliación del complejo ‘Torozos’, que Naturgy impulsa entre Bercero, Berceruelo, Torrelobatón y Velilla con 240,9 MW de potencia entre los cinco; el proyecto ‘Andella’ en Adalia, con 50 MW; y el parque ‘El Cerrato VI’, que Estudios y proyectos Pradamap quiere desarrollar en Alcores con 50 megavatios de potencia.

Por último, en Zamora la holandesa Windvision es la multinacional encargada de poner en marcha hasta seis parques en la comarca de Sayago, en concreto entre las localidades de Almeida y Bermillo de Sayago. Así, ‘Monte de la Cueva’, ‘Cerro de la Cabeza’, ‘Piedra de las Cruces’, ‘Piedra Fincada’, ‘Valdebermillo’ y ‘El Carbajal’ sumarán 300 megavatios de potencia totales. A estos seis parques se unirá en la provincia, aunque en la comarca de Sanabria, el parque ‘Requejo’, que en la localidad del mismo nombre contará con 48 MW de potencia.

Fuente: INFOBIERZO

«Yo tengo tres novias: Ojo Guareña, Atapuerca y Lucy»

H.J. – domingo, 25 de abril de 2021

No presiden, no representan, no quieren foco… Pero son parte esencial de esta ciudad. La crónica de Burgos se escribe en las vidas de quienes ayudaron a construirla. Fortunato Lázaro es uno de esos hombres y esta es (parte de) su historia

Fortu, explorando una de las cavidades de la Cueva del Compresor de la trinchera de Atapuerca. – Foto: Alberto Rodrigo

En teoría, solo en teoría, se jubiló el año pasado. En la práctica, no para un minuto quieto y es incapaz de dar un paso por los yacimientos o por Ibeas de Juarros sin que le pidan constantemente favores a su paso. Fortunato Lázaro, al que todo el mundo conoce como ‘Fortu’, no se acaba de retirar. «¡Es que no me dejan!», responde bromeando con su proverbial energía. El que fuera responsable de mantenimiento de la Fundación Atapuerca sigue incansable y en plena forma.

No es científico, aunque posee grandes conocimientos de espeleología y lleva varias décadas siendo miembro del Grupo Edelweiss, así que de cuevas sabe un rato. Pero sobre todo sabe cómo hacer que funcionen las cosas. En la sombra, sin el protagonismo que tienen los que acaban apareciendo en las fotos. «Si está Fortu, eso se puede hacer», dicen en la Fundación Atapuerca, en cuya revista recientemente le dedicaron un cariñoso artículo de despedida. Para los futboleros, cuentan que era el Casemiro de las excavaciones. Para los cinéfilos, sería como el mítico personaje que aparece en la película Pulp Fiction para decir: «Soy el señor Lobo, soluciono problemas». Y en ello sigue.

Nacido en la localidad de Arlanzón en 1955, hijo de padres agricultores, vivió en el pueblo hasta los 13 años «con las miserias que se pasaban entonces» y dice que tuvo una infancia muy feliz, en conexión directa con la naturaleza, salvo por un borrón que dejó a muchos de sus coetáneos traumatizados: el maestro. «Se llamaba ‘El Huesca’ y aplicaba a rajatabla aquello de que la letra con sangre entra», explica. Su relato no transmite rencor, pues lo considera hechos de una persona y un tiempo pasados, pero las cosas que cuenta resultan incomprensibles desde la óptica de hoy en día. 

«En la escuela teníamos dos días de cobro que eran los lunes y los jueves. Los lunes nos atizaba por haber estado cogiendo pichones los fines de semana o por cualquier trastada. Los jueves porque era el día de la revista de higiene. Como el patio era de carbonilla, siempre teníamos las uñas y las rodillas negras. Nos pegaba con una regla enorme, nos obligaba a coger un mimbre bueno para luego atizarnos con él y si te descuidabas te pegaba un castañazo por detrás de la cabeza con cualquier excusa. Yo le decía a mi madre que quería ser una niña, y no por cambiar de sexo, sino porque sabíamos que la maestra de ellas no las pegaba». 

De aquella pesadilla logró librarse a finales de los años 60, cuando su familia se mudó a la capital con sus tres hermanos y una hermana (el mayor es actualmente fraile misionero en Brasil). El cambio le pilló a mitad de curso y como no le admitían en ningún colegio de la capital le inscribieron en la academia Valdemoro Ripollés, en la entonces avenida Sanjurjo y hoy avenida del Arlanzón.

Al terminar aquel año se fue a una escuela de Formación Profesional que dependía de los sindicatos verticales y que estaba en la plaza de Castilla, donde ahora se ubica la sede de la FAE. «Allí nos enseñaban oficios e hice una especie de correturno con el que pasé por clases de tornero, telares o electricidad». Duró muy poco, porque ese mismo verano su madre conoció a los dueños de Chocolates Quintanilla y Fortu empezó a trabajar en su fábrica ubicada en la calle de La Paloma con solo 14 años.

En la fábrica de chocolate. Inicialmente entraba para una sustitución veraniega, pero acabó pasando allí 23 años como empleado. «Hacía de todo, estaba en el mostrador pero también en la producción del chocolate. Entonces había tres fábricas distintas en la misma calle Sombrerería. Y también hacíamos suministros para hospitales o colegios». 

Entre medias le tocó hacer la mili en Cerro Muriano, provincia de Córdoba. Y luego en Sevilla, en la rama de Ingenieros. Pero allí, además de sufrir los calores del sur, tuvo que superar un derrame de pleura. «Me declararon inútil temporal, como se decía entonces. Estuve 21 días ingresado. Y al cabo de un año me declararon exento», comenta.

Su siguiente trabajo fue como pintor de coches en un taller especializado, donde estuvo más de una década y que ahora le sirve para afirmar con guasa: «Al menos puedo decir que he pintado algo en la vida». Pero donde verdaderamente disfrutaba era metido en las cuevas, su pasión desde muy joven.

Cuando vinieron a vivir a Burgos, su padre se empleó como portero en un edificio de Reyes Católicos. Allí vivían también otros chavales de su edad y uno de ellos resultó ser el sobrino de uno de los fundadores de Edelweiss. «Les veía cuando volvían de Ojo Guareña con aquellos petates, las barbas, el barro, y se le ponían a uno los dientes largos». Así que en 1974 entró a formar parte del grupo espeleológico. 

«Fuimos a la sede que entonces tenían en el último piso de la Diputación y la primera vez nos dieron con la puerta en las narices. Insistimos tanto que nos mandaron a buscar cuevas a la sierra de Atapuerca. Teníamos que patearnos los 6 kilómetros de largo e íbamos preguntando a los pastores de la zona y a la gente de los pueblos, que eran la mejor fuente de información. Hoy en día ya no queda en el monte nadie a quien preguntar», relata.

La aventura comenzaba nada más salir de Burgos capital porque tenían que coger un tren que les dejaba en Quintanapalla. De ahí empezaban a andar hasta la cantina de Olmos de Atapuerca y allí se apretaban un «chico-chica», consistente en una mezcla de moscatel con orujo, para entrar en calor.

Empezaron investigando en el interior de la Mina Esperanza, recién cerrada, donde todavía quedaban vagonetas pero no encontraron cuevas reseñables, así que subieron un poco más arriba hasta conquistar y descubrir las oquedades de la sierra. Fue a través de aquello como acabó vinculado de por vida a los yacimientos.

«El grupo Edelweiss daba soporte de infraestructura a las investigaciones científicas que ya entonces se hacían tanto en Cueva Mayor como en la Sima de los Huesos». El material de cuerdas o escalas no solo aporta el componente de aventura, sino que es tan necesario para la buena marcha de una excavación como los conocimientos de los arqueólogos y paleontólogos. Fortu empezó a acudir en sus ratos libres y durante los fines de semana, «siempre de forma voluntaria y como apoyo técnico», pero se hizo un imprescindible en el grupo.

A fuerza de echar horas y horas por los yacimientos surgió una fuerte conexión con Eudald Carbonell, uno de los tres codirectores de Atapuerca, a quien además le une un sorprendente parecido que ha provocado más de una vez alguna simpática confusión. Si los dos se ponen botas de campo, pantalón corto y casco de estilo salacot resultan dos gotas de agua.

La relación de amistad entre ambos se queda corta cuando Fortu ensalza al catalán: «Yo a Eudald lo conocí cuando aún era estudiante y lo considero un hermano. Es la parte más práctica de los codirectores y siempre nos hemos sentido muy valorados por su parte». 

Tanto que cuando se pone en marcha la nueva sede de la Fundación Atapuerca en Ibeas de Juarros, en torno al año 2008, surge la oportunidad de tener a un responsable de mantenimiento y es cuando nuestro protagonista puede dedicarse por fin, de forma profesional, a su pasión de apoyar a los científicos que estudian la evolución humana. Fue casi como cumplir un sueño, unir la afición y el trabajo en un «soporte vital para el equipo de investigación».

La Brigada Caimán. Dice que en los yacimientos le ha tocado hacer «Todo lo que te puedas imaginar». Desde albañilería a electricidad, labores de logística, llevar y traer las comidas, material de oficina, suministro de papelería, los equipos tecnológicos y por supuesto el montaje de andamios, además de alguna que otra exposición, dentro y fuera de España.

El momento álgido del año llegaba cada verano con la campaña de excavaciones. La autodenominada ‘Brigada Caimán’, responsable de prepararlo todo en el mes de junio para cuando llegasen los investigadores al mes siguiente, se tiraba dos meses trabajando a destajo. «Aquello no tenía horario, es como un agricultor cuando llega la cosecha. Y más durante los 40 días de la campaña en sí, que son muy intensos pero de los que tienen que obtenerse resultados para tratarlos a lo largo del año». 

Doce campañas le contemplan como currante de la logística, desde 2008 hasta 2020, en las cuales tuvo que resolver miles de problemas. Desde alguien que le pedía una sombrilla del IKEA para protegerse del sol hasta otro que solicitaba una coca cola light o determinado modelo de lapicero para apuntar los hallazgos. Se topó, incluso, con algún vegetariano que no podía comer los bocadillos del rancho general. 

«Y les decía que en el monte había pasto de sobra, que podían comer toda la hierba que quisieran», afirma carcajeándose.

¿Fue buena la relación entre científicos y operarios? En el balance general, Fortu no tiene dudas. «Es cierto que a veces los investigadores están un poco en su mundo, pero nos hemos sentido valorados y a mí en los yacimientos todavía me saludan hasta los pájaros. Tengo mil dimes y diretes en el recuerdo, y siempre procurando hacer bien mi trabajo. No se trata de hacer algo por cumplir, sino de dejarlo lo mejor que puedas, bien sea cortar una piedra para que un apoyo sea más cómodo o colocar un tablón».

Siempre en un segundo plano, él estaba allí cuando llegaban a los yacimientos las visitas ilustres. Vio al entonces príncipe Felipe meterse a explorar en traje y zapatos las cavidades que conducen hacia la Sima de los Huesos, pese a las objeciones que le ponía su personal de protocolo. O a la reina Sofía ayudarse con bastones que él mismo le facilitó para descender hasta Cueva Mayor. «Esas presencias de las más altas autoridades nos volvían locos, pero también nos daban muchas satisfacciones».

Ahora que está jubilado, su vida no ha cambiado en demasía. Sigue participando los fines de semana en la exploración de cuevas y se acerca de vez en cuando a Ibeas de Juarros, donde compra «un pan ecológico buenísimo». Sus amores, básicamente, siguen siendo los mismos de siempre. «Yo he tenido tres novias en mi vida: Atapuerca, Ojo Guareña y Lucy. Esta última es de carne y hueso y vive en Madrid», bromea.

En efecto, ella es su pareja desde hace más de 20 años y además se conocieron en una cueva. Hasta para eso ha sido Fortu un hombre peculiar, como él mismo reconoce: «Yo no conocí a mi novia en una discoteca o en un pub, como casi todo el mundo».

Los cierres perimetrales impiden que se vean tanto como quisieran, así que ahora este hombre inquieto practica una «vida de ermitaño» en su pueblo natal, Arlanzón, aunque dice: «De vez en cuando me recluta Eudald y le echo una mano». No le falta nunca entretenimiento.

Entre una leva y otra, habita la casa de sus abuelos donde tiene una huerta con 40 metros de invernadero y un gran terreno abierto. Allí sueña con seguir explorando las entrañas de la tierra y también su superficie, porque es un gran aficionado a los viajes. Habla especialmente bien de África, de los desiertos de Mauritania o Namibia, de Botswana y Zimbabue. Lo que es seguro es que Fortu no se quedará quieto. Le queda energía para regalar.

FUENTE: DIARIO DE BURGOS

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